Una investigación liderada por la Universidad de Concepción está aportando nueva evidencia sobre el impacto positivo de las coberturas vegetales en la producción de avellano en Chile, un cultivo que ha experimentado un fuerte crecimiento en los últimos años.
El estudio, desarrollado en la zona centro-sur del país, evaluó distintas estrategias de manejo de suelo —incluyendo siembra de especies como festuca enana, trébol subterráneo y vegetación espontánea— en comparación con sistemas tradicionales que mantienen el suelo desnudo.
Suelos más vivos y funcionales
Los resultados preliminares muestran que la incorporación de coberturas vegetales genera mejoras significativas en la calidad del suelo. En particular, se observó un aumento en la materia orgánica, mayor abundancia de microorganismos y una mayor actividad enzimática, indicadores clave de un suelo más activo y capaz de procesar nutrientes de forma eficiente.
Estos efectos fueron especialmente notorios en ensayos realizados en Chillán, donde los suelos con cobertura mostraron mayor actividad biológica en comparación con aquellos manejados con herbicidas o laboreo tradicional.
Una apuesta por la sostenibilidad
La investigación también apunta a que estas prácticas podrían contribuir a enfrentar desafíos como la degradación de suelos y el cambio climático. Las coberturas vegetales favorecen la acumulación de carbono y ayudan a prevenir la erosión, elementos clave para avanzar hacia sistemas productivos más sostenibles.
Además, el estudio busca generar información que permita a los agricultores tomar decisiones más informadas, incorporando indicadores biológicos del suelo en el manejo de sus huertos.
En este escenario, prácticas como las coberturas vegetales podrían transformarse en herramientas clave para sostener la productividad en el largo plazo, sin comprometer la salud del suelo.