En el mismo ciclo en que Chile consolida su lugar como segundo productor mundial de avellano, el rubro enfrenta un recordatorio incómodo: crecer no basta; hay que sostener y resguardar los procesos fitosanitarios.
Esa frase, que en la industria se usa para hablar de reputación, calidad y orden técnico, hoy toma un sentido literal frente a una amenaza que no siempre se ve a simple vista: el chinche pata de hoja (Leptoglossus chilensis, de la familia coreidae). Y desde la Mesa Técnica del Comité del Avellano, el mensaje es directo: si aparece, no hay margen para relativizar.
“No hay términos medios”
Francisco Donoso, ingeniero agrónomo de la Universidad de Chile y miembro de la Mesa Técnica, conoce el negocio desde la ejecución en terreno. Tras años en la fruta fresca y en grandes proyectos agrícolas, entró al avellano con su primera plantación en Longaví en 2019, y desde entonces ha seguido expandiéndose con nuevos proyectos.
Donoso explica que la Mesa Técnica nació a mediados de 2025 con una lógica práctica: aportar desde la experiencia, identificar debilidades de manejo y empujar soluciones junto a asesores y productores, buscando una visión común de éxito para los huertos.
En ese marco, su diagnóstico sobre la plaga es tajante: “la presencia del chinche es grave, sea con 3 o 10 individuos por planta no hay términos medios”. Y agrega una alerta que se repite entre quienes lo han vivido: la presión de esta plaga puede volver incluso después de una aplicación (reingreso), por lo que el riesgo no termina con una aplicación, luego el monitoreo debe ser permanente.
Maule: la ventana donde se encienden las alarmas
El punto crítico, advierte, aparece cuando el fruto avanza en su desarrollo y la pepa crece acercándose a la cáscara. En ese momento, el insecto puede traspasar la cáscara con su aparato bucal e inyectar enzimas que dañan la pepa. Donoso sitúa esta etapa —y el inicio del daño más probable— en el Maule desde mediados de diciembre en adelante.
A diferencia de otras plagas, aquí el problema es que el daño es “silencioso”: no siempre hay señales externas claras. “Es difícil ver el daño en la fruta (solo partiendo la fruta) ya que es interno”, advierte Donoso.
Y hay un punto especialmente delicado para la industria: una vez que la fruta está dañada, no existe forma práctica de separar aquella con problemas de la sana. En términos simples: el castigo llegará cuando ya no haya vuelta atrás.
El impacto, además, se traduce en el negocio. Donoso lo resume con una frase que en la temporada si no se controla y se exceden los niveles de castigo, “puede transformar un buen negocio en un gran problema”.
La receta base: detección experta y monitoreo permanente
Si el daño cuesta caro, la prevención también exige inversión: monitoreo y gente entrenada. Donoso insiste en que el monitoreo es “de gran importancia”, pero no como un checklist, sino como una capacidad instalada en el huerto: personas que desarrollan habilidades específicas y logran niveles de detección muy superiores a los de alguien sin experiencia. Por lo tanto “hay que enseñar y valorar a quienes desarrollan este trabajo”, señala.
Y aquí vuelve un punto que, para la Mesa Técnica, es parte del mensaje central: una detección buena y oportuna se traduce en monitoreo permanente, y subestimar la plaga puede ser “desastroso” para el negocio.
Control oportuno: de noche, con equipos bien calibrados y con estrategia
En el manejo, Donoso plantea que entender el comportamiento de la plaga define el “cómo” y el “cuándo”. Entre las características prácticas menciona que este insecto se mueve en grupos y presenta menor actividad nocturna, lo que empuja una recomendación concreta: aplicar idealmente de noche para mejorar oportunidad y eficacia en el control.
También sugiere que el monitoreo debe levantar la mirada más allá del avellano: identificar hospederos alternativos —malezas como chamico y árboles nativos, entre otros— para comprender la dinámica del huerto y su entorno.
Respecto del control químico, Donoso lo plantea como una herramienta que estamos obligados a usar, pero debemos ser eficientes con un estándar alto de ejecución: calibración de equipos, definición de dónde y con cuánto mojar, momento y oportunidad de aplicación, y una buena elección del producto.
El mensaje final: tomárselo en serio, sin margen para errores
El cierre de Donoso no es dramático: es operacional. Dice que el mensaje “está dentro de todo lo expuesto”: entender lo importante que es controlar la plaga y lo caro que puede salir equivocarse. ¿La ruta? Detectar y controlar en forma eficiente, sin cometer errores, considerando estado fenológico, monitoreo eficiente, buen control de la aplicación y oportunidad (ser oportuno y eficaz).
En una industria que crece rápido y que hoy compite en ligas globales, el desafío sanitario vuelve a poner el estándar en el centro. Porque si el daño no se ve, la única ventaja real es llegar antes.
Foto de Claudio Maureira, desde https://inaturalist.mma.gob.cl/photos/117386727. Licencia CC BY-NC 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/). Sin modificaciones, excepto recorte de imagen.