
En las últimas dos décadas, la industria del avellano europeo en Chile ha experimentado un crecimiento notable, consolidándose como un actor relevante en el mercado internacional. Este desarrollo ha sido impulsado por condiciones climáticas favorables, la introducción de variedades más productivas y de mejor calidad, y el apoyo de instituciones públicas y privadas. La llegada de Ferrero al país marcó un punto de inflexión, asegurando un comprador sólido que fomentó alianzas estratégicas con productores y el sector público, lo que permitió aumentar la superficie cultivada y consolidar la industria en el tiempo.
A pesar de una producción menor a la esperada en 2024, la industria sigue avanzando con la expectativa de posicionar a Chile como el segundo mayor productor mundial en el corto plazo. Los productores reconocen la importancia de diversificar mercados y dotar a la avellana chilena de un sello de calidad que la diferencie en el mercado internacional. La asociatividad ha sido fundamental para resolver problemas comunes y mejorar la productividad del cultivo, enfocándose en la sostenibilidad, la trazabilidad y mantener una industria cohesionada.
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