Las precipitaciones intensas registradas durante julio y agosto en el centro-sur del país generaron preocupación entre productores de avellano, luego de que los suelos permanecieran saturados por semanas justo durante el período de polinización. El investigador del INIA Quilamapu, Jorge Retamal, proyecta una caída de producción cercana al 30% para la próxima temporada.
Dos frentes de riesgo
El primero es la saturación del suelo: cuando el agua se mantiene más de 48 horas sin drenar, las raíces quedan expuestas a Phytophthora, un microorganismo que aprovecha la humedad para desplazarse e infectar la planta. Sus efectos —menor crecimiento vegetativo y follaje reducido— recién se hacen visibles en primavera.
El segundo, y el más determinante según Retamal, es el efecto de la lluvia sobre la polinización, que depende del viento para transportar el polen. Cuando llueve durante la floración, el polen pierde viabilidad y la fecundación se reduce.
«Si durante las 12 semanas que dura la polinización llueve durante 4 o 5 de ellas, las pérdidas pueden ser muy significativas», señala Retamal. Este año, el peak de emisión de polen coincidió con los principales eventos de lluvia.
El investigador precisa que el impacto no es inmediato: la pérdida se traducirá en nuez vana recién en la cosecha de febrero-marzo de 2027, no en caída de flores durante el invierno.
Zonas de mayor exposición
Las regiones de mayor pluviometría, como La Araucanía y el sur, enfrentan el escenario más adverso; en Ñuble, la atención se concentra en los sectores más lluviosos. Retamal también advierte sobre el riesgo de heladas posteriores a la floración, como ocurrió en Turquía en 2004, 2014 y 2025, años en que las pérdidas superaron el 30%.
Frente a este panorama, el investigador plantea la necesidad de avanzar en una zonificación agroclimática para el avellano, que permita orientar el establecimiento de nuevos huertos, reducir riesgos productivos y fortalecer la competitividad del rubro frente al cambio climático.
Fuente: San Carlos Online